Bienvenido. Welcome. Bienvenu. Willkommen.

Que vivimos en tiempos furiosos. Que no nos toleramos a nosotros mismos ni por un segundo. Que nos han enjaretado las ineptitudes de nuestros padres. Que nuestras naciones parecen rellenos sanitarios.
En medio de todo, yo escribo. Me siento faro ante la tenebrosa noche. Me siento falo, derechito para el cielo. Ésta es mi vida, mi carro, mi escuela, mi casa, mi trabajo. Ésta es la huella que tú, por certeza o por pereza, has decidido también acoplar a tu paso.

martes, 3 de diciembre de 2013

Te veré en el desayuno?

la nuestra no es cuestión de amor, es cuestión de calor

descendiste de tu automóvil y lo supe
el paso felino de tu andar y se acomodó la certeza
tomó una sonrisa, la noche perfumada de tu pelo y lo que tarda un semáforo
para ya no poder ponerlo en duda

enfriamos las preocupaciones en un par de cervezas
y llegó la merienda para compartir
éramos dos hambres inquietas

cuando llegó la cuenta y con la situación ya más que tibia
le pagamos a la suerte sin mirar
no subiste sola a tu automóvil

zigzagueaste conmigo, entre la superficie y lo profundo
de las calles, de nuestras vidas
hasta que por fin, estacionaste en mi cuarto
intermitentes, los besos y el tacto
nos supimos en un jardín de muchos fuegos
con nuestras ropas floreciendo en el piso
desconocidos horas antes
cómplices con el instante

no, lo nuestro en ningún momento fue cuestión de amor

ahora,
con tu rostro apagándose en mi pecho
no puedo dejar de preguntarme

si te veré para el desayuno

martes, 26 de noviembre de 2013

Por alguna extraña razón me enamoré de él

Por alguna extraña razón me enamoré de él. No hubo nada extraordinario en nuestro encuentro. Éramos todos, personas normales, era un domingo por la mañana en el parque, no hay nada más ordinario que un domingo por la mañana en el parque. Y sus rescatistas me contaron su historia y le vi persiguiendo su nudo para morder y le guíe un rato, paseando. En esos momentos, ya lo sospechaba. Pero para cuando llegué a mi casa, estaba enteramente convencido. Algo en él, era algo mío. Era espejo. Un espejo en cuatro patas y pelaje negro, pero espejo al fin y al rabo.

Soy sincero cuando digo que no creo en el destino, en un resultado predeterminado de esta tirada de dados que es la vida. Pero creo en la fortuna, creo en una predisposición del universo para que se catalicen las acciones que poco a poco vamos procurando. Siembra y con fortuna, estarás cosechando. En mi caso, dale like a una foto de un canino hermoso en Facebook, hazle caso a las instrucciones, contacta a su rescatista, agenda una cita para un paseo, y terminarás adoptando a un compañero de vida.

Y tengo que admitirlo, no creo que existiera un destino escrito para nosotros. No hay ninguna roca metafísica en otro mundo que lea este hombre y ese perro juntos. Pero tenía veinte años añorando una oportunidad de querer a alguien como él y la mera fortuna que tuvimos, nos puso en el mismo parque, a la misma hora, con los mismos amigos. Sus rescatistas, que bien pudieran haber sido los míos.


Lo digo porque considero que ambos cojeamos de la misma pata, estamos heridos con las mismas balas. Los dos nos hemos vuelto unos discapacitados para el cariño y amor, por lo menos, del tipo pronto y con confianza. Los nuevos amigos son una empresa titánica. Lo viejo es lo único pero queda poco. No estamos ancianos, pero sí cansados. Y tristes. Le pusimos mucho corazón, y vimos nada de vuelta. De los dos no se hace ninguno. Y el tiempo. El tiempo, dicen, lo cura todo. Yo digo que el tiempo hace que crezca algo. Una planta, una amistad, un amor del bueno. 




domingo, 10 de noviembre de 2013

El Amor no se piensa, se hace

Palabras para unos grandes amigos para celebrar su gran amor y su unión el 9 de Noviembre del 2013. 

Para Alex y Paola

Buenas noches, damas, caballeros, familia y amigos de Alejandro y Paola. Cuando me invitaron a compartir estas palabras, me sentí halagado. Ya me veía yo, cómo en cualquier comedia romántica siendo el padrino, el mejor hombre, compartiendo un buen consejo, una anécdota chistosa, en fin cualquier cosa. Y que los invitados al final me aplaudirían. Sin embargo, será cuestión de unas pocas semanas me di cuenta de algo. ¿Quién carajos soy yo para pararme frente a ustedes y hablarles de matrimonio? La cosa es que ya sea para aconsejar o hablar bien del matrimonio, creo que soy la persona menos indicada. Hasta hace unos cuantos meses, días quizá, siempre he sido considerado por todos y por mí mismo un ferviente antagonista de la institución como tal. Pero antes de claudicar por completo, me dije a mí mismo: “Bueno, no se de matrimonio, no me gusta ni la palabra como tal. Pero qué suerte para mí, que yo no voy a celebrar el casamiento (hasta en sinónimos suena mal para mí), voy a celebrar que se quieren un montón. Que en mi vida, sí puedo decir que son ejemplo de amor.”

Y bueno, quiero compartir la frase más bonita que me han compartido sobre el amor. Me lo dijo alguien hace tiempo ya, y siempre se me ha quedado muy en mente. Y es:

El amor no se piensa, se hace.

Y lo bonito para mí de esta frase, es que no sólo puede ser tomada por la urgencia que aparenta. Es decir, no sólo es una frase que le diría uno ya borracho y los pantalones abajo, a la señorita para que no ponga resistencia y se ponga en modo cooperativo. Para mí, esta frase cobra su belleza cuando la tomamos como una invitación de hacer amor. No sólo hacer el amor con alguien, pero hacer “amor”. Y ¿a qué me refiero con esto?
A que el amor dejar ir a tu amado a jugar videojuegos con sus amigos. Es acompañar a la esposa en su más reciente logro profesional. Es también agarrarle la mano cuando este pujando para ser mamá. Es tomarse de las manos. Es comerse a besos. Es escuchar al esposo cuando quiere desahogarse por tener un jefe nefasto. Es comprar una casa o mejor, adoptar un perro juntos. Es lavar los platos, tender la cama, llegar cansado de la oficina y todavía tener ganas para un poquito de pasión. Y sigue, y sigue, y sigue. El amor es todas estas acciones que se deciden hacer para, con y hacia la otra persona. Hacer para alguien más, antes que a uno.

Y esto me lleva a una cuestión muy importante. La decisión. Y es que para actuar hay que decidir. El amor se hace, no se piensa. No está cuando piensas en la otra persona, sino cuando haces, cuando acciones con la otra persona. Díganme si quieren que me equivoco, pero esto es solo para Alejandro y Paola. Y es esa decisión la que creo que se lleva el mérito en este caso, su caso. Porque tanto, Alex como Paola, ambos por separado y solos, son excelentes personas, de carácter y fuerza, y bajo cualquier circunstancia es totalmente posible que vivan el uno sin el otro. No se necesitan, no hay nada real, solo meramente simbólico que los ate el uno al otro. Pueden vivir felices el uno sin el otro. Cada quien su lado. Y sin embargo, y aquí está lo bello. Es que no quieren hacerlo, han decidido no hacerlo. Creo que es la decisión que los convierte en los más vulnerables. Se están compartiendo enteramente, porque sí ya se amaban antes ahora ya lo hacen ante la autoridad, la de allá arriba y la de aquí abajo. Y se han rendido. Se han rendido uno al otro, y qué cosa más bella. No hay muros entre ustedes ya. Y día con día, han estado decidiendo que no los haya. Día con día han decidido por el amor. Me quito el sombrero.

Para finalizar, agradezco el honor de que me hayan invitado a compartir algo en este espacio. Por mi parte, y creo que hablo por todos los presentes, les digo que apoyo enteramente ese amor que han decidido y que espero seguir estando ahí, para celebrar sus siguientes decisiones. Cualesquiera que sean. Así que por favor, acompáñenme levantando sus copas y brindemos por el nuevo clan Ruiz Cervantes. Por Alex y Paola. Con amor.

Salud. 

viernes, 16 de agosto de 2013

Mi generación, así dice la canción.

Estoy harto de tener las mismas conversaciones con la gente mayor de 50 años, la supuesta "anterior y más noble" generación. Estoy tremendamente harto y hasta el cogote de qué me digan qué el mundo solía ser más fácil, que la juventud de estos días ya no tiene valores, que las instituciones han fracasado, que es nuestra culpa por andar de alebrestadores y manifestadores, que hemos perdido el buen gusto y el arte de calidad. Estoy hasta la puta madre que me digan que somos la supuesta "generación pérdida", me caga harto que nos culpen por la crisis y todos los calificativos que se le puedan atribuir, y sobre todo me emperra que mis congéneres consientan la denuncia y se comporten de tal manera que le rinda honor a cada una de las estupideces que nos designan. 

Yo nunca he bombardeado a nadie, ni he requerido de campos de concentración. El petróleo lo comenzaron a usar hace dos siglos y no en el 2000. Yo nunca consentí el asistir a un lugar público "sólo para blancos". El narcotráfico no fue mi invento. Te hice caso y fui a la universidad como también tú lo hiciste. El que abusó de mi madre fuiste tú, con tu machismo. La que permitió todos los abusos de mi padre, fuiste tú. Yo no estuve ahí cuando se descubrió la bomba atómica. Yo no estuve ahí en Tlatelolco durante el 68. Tenía apenas 5 años cuando se levantó el EZLN y apenas 3 años después cuando Acteal, y tú te quedaste parado a mirar. 

Que la vida es dura, que ya no hay trabajo, que las cosas no son tan buenas como eran antes. Todos esos son meras consecuencias, quién crees que fue la causa? De seguro, yo en pañales. De seguro, yo en el vientre.

Por eso, no me hables cómo si el vicio, la rabia y el exceso fueran inventos de este siglo. No me vengas con tus argumentos sin vigencia. No vuelvas a decir que eres sabio y que tengo que escucharte. Que es esa tu sabiduría, y su cagaderito, lo que tengo que limpiar yo. 

Tú eres él que no se la pudo mantener guardada entre las piernas. Yo tampoco me la puedo guardar, pero sin pelos en la lengua digo VIVA LA ANTICONCEPCIÓN. 

En fin, no estoy aquí para quejarme, estoy aquí para vengarme. De tus miedos, de tus censuras, de tus rencores, de tus facturas, de tus matrimonios y tus divorcios. Y lo voy hacer viviendo bien. Lo voy a hacer en campo virgen, donde no existan tus huellas. Porque este es mi tiempo y mi generación. Porque soy desempleado, porque trabajo y estudio, porque me pongo condón, porque uso Internet, porque sueños con un mundo mejor, porque no hay nada ya por descubrir, pero siempre lo puedo hacer todo de nuevo y mejor. 

viernes, 9 de agosto de 2013

Donde quedó el mapa para llegar a cualquier lugar. Las coordenadas siempre solían estar tan cuerdas.
Pareciera que lo he perdido.

Después de ver a la familia partir al otro lado del río.

De ser testigo de la descomposición en vida del cadáver de mi padre.

De que los sueños se trastornen y se vistan de farsas y salgan a embriagarse por las noches.

Aquí no hay moraleja, ni final tan esperado.

Es sólo un resfriado más.

Uno que sólo con mezcal se calma.

jueves, 25 de abril de 2013

The killers got me killed...


I got soul, but definitely not a soldier...

Quiero hablarte, no de las mujeres, sino de la mujer. No de cualquiera, sino de ella. Sin tomar en cuenta nombres y lugares, terminamos sujetos a la simple esencia de las cosas. Ella es esa mujer sucediéndote por primera vez en la vida. Nunca te has topado con alguien igual. Las demás, sin importar el nivel de compromiso, han sido juegos y entrenamientos. Pero ella, es las malditas olimpiadas.

Es una mujer que, cuando la miras, es fácil decir que le provoca una erección al espíritu. Cada fibra de tu ser se alerta. Desde el momento en que te encuentras con ella hasta el momento de su partida, existe solo el vaivén de adrenalina más intenso que te ha sucedido en meses. Te hace rememorar la oscuridad a contra luz de un escenario, o la intensidad del momento justo antes de chocar sobre tu carro o, incluso, la persecución de aquel condenado Rottweiler que, cuando se suelta, te hace agradecer por tu par de piernas. Y por supuesto, cada vez que contemplas su cuerpo, te preguntas por qué tus congéneres necesitaban catedrales para adorar a Dios, teniendo tú, semejante obra enfrente.

Entonces, infatuado por el flujo suprarrenal, te acercas a ella. No sólo en el espacio, sino en el afecto y la palabra. Das cuenta tanto de su cojera emocional y de su nariz un poco chueca. Haces un acercamiento a la epidermis de sus sueños y notas las imperfecciones más comunes. Como si, ante tus ojos, el misterio de lo divino fuera encarnando en un cuerpo tibio y dulce. Eso solo se te antoja más excitante. Porque la belleza del universo ahora tiene forma y coincide perfectamente con la silueta y el contenido de la mujer que tienes justo enfrente.

Un momento después, se convierten en dos. Tú y ella, uno junto al otro. Ella le da otro sorbo a su cerveza y tú tratas de guardar compostura. Nunca le has dicho que te gusta, pero confías que tu torpeza y el forzar de tus piropos te hayan delatado por completo. La sabes mujer y te sabes aún más tímido.

Pero te aferras.

A su alrededor suceden canciones y los amigos. Siguen pasando el tiempo y los automovilistas. Las palabras se aventuran fuera de las bocas, el sol sigue descendiendo. Ella se convierte en la calma sobrepuesta al estrépito en tu pecho. Te sientes seguro, confiado. Vas a besarla en la primera oportunidad que tengas.

Todavía no.

Es viernes por la noche y están apretados entre la multitud, viendo un concierto. Y no sabes que ruido es más fuerte, el que se produce en el escenario, el propio de la multitud o el ruido que se quiere escapar de tu pecho. Por primera vez en la velada, sientes que pudieras perder el juicio, que pudieras tomarla entre tus brazos y dejar cualquier pretexto atrás. Sobreponer tus labios a los suyos. Y decirle lo que te has guardado desde el primer momento en que posaste tu mirada de cachorro sobre su piel morena. Pero por alguna puñeta mental decides dejarle los besos al azar.

Es tarde y atraviesan la ciudad. Llegas al bar con ella de tu brazo. Saludan a las caras conocidas y se instalan en la mesa. Ella de un lado y tú, del otro. Con una inmensidad de cuerpos, botellas y vasos, humo de cigarro, luces y notas musicales, de por medio. Se te antoja que ella se encuentra cada vez más lejos, cada vez más disuelta en aquélla inmensidad que no eres tú.

Y ves, con tus ojos de perrito, como ella se entrega por completo a la noche. Te recuerda a una luciérnaga. Sigues buscándote los huevos en la entrepierna, cuando llega el otro. Si, el otro. Ese bastardo que se mira con ella de viejos amigos y que con autoridad enteramente celestial, le pone las manos encima. Y ella acepta totalmente, carajo. Continúan con sus malabares amorosos durante unas cuantas canciones más. Te encuentras los huevos, los tienes hasta la garganta. El beso que debía ser tuyo esta noche, es de alguien más. 

No puedes aceptarlo.

Con  los pocos dejos de dignidad que te quedan, permites que tu ebriedad tome forma. Te acercas a ella con firmeza. Le susurras al oído las mejores tres palabras que podrías escoger en ese momento. Ella te mira extrañada, después de todo tú la ibas a llevar a su casa. No eres tú, sigues hablando. Disgusto y enojo se van asomando en sus ojos. Logras hacer que un par de lágrimas resbalen por su rostro.

Con el corazón ebrio y dolido, te subes a tu carro. José Alfredo y Chabela te hacen compañía con historias que bien pudieran ser canciones o bien pudieran ser la tuya. El aire de la noche no está más frío que el amargo sabor de tu derrota. Poco a poco, los acontecimientos minutos antes se abren paso en tu cabeza. Sí, le dijiste que a la verga. Sí, si le dijiste que no ibas a ser el pendejo de nadie. Pretendes que no te importa. Que sin ella estas mejor. Que para que quieres andar jugando con golfas. Golfa, te gusta como suena. Pero te quiebras, y por estimulo de la bebida juras que solo es una mala película de ciencia ficción. Que mañana, igual le marcas, no a ella, sino al doctor Emmett Brown. Tomar un DeLorean a una época donde si amanezcas en su piel. 

Han pasado desde entonces sesenta y siete días. Y sí, llevas la cuenta de todos y cada uno. No has sabido nada de ella desde entonces.