Bienvenido. Welcome. Bienvenu. Willkommen.

Que vivimos en tiempos furiosos. Que no nos toleramos a nosotros mismos ni por un segundo. Que nos han enjaretado las ineptitudes de nuestros padres. Que nuestras naciones parecen rellenos sanitarios.
En medio de todo, yo escribo. Me siento faro ante la tenebrosa noche. Me siento falo, derechito para el cielo. Ésta es mi vida, mi carro, mi escuela, mi casa, mi trabajo. Ésta es la huella que tú, por certeza o por pereza, has decidido también acoplar a tu paso.
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martes, 3 de diciembre de 2013

Te veré en el desayuno?

la nuestra no es cuestión de amor, es cuestión de calor

descendiste de tu automóvil y lo supe
el paso felino de tu andar y se acomodó la certeza
tomó una sonrisa, la noche perfumada de tu pelo y lo que tarda un semáforo
para ya no poder ponerlo en duda

enfriamos las preocupaciones en un par de cervezas
y llegó la merienda para compartir
éramos dos hambres inquietas

cuando llegó la cuenta y con la situación ya más que tibia
le pagamos a la suerte sin mirar
no subiste sola a tu automóvil

zigzagueaste conmigo, entre la superficie y lo profundo
de las calles, de nuestras vidas
hasta que por fin, estacionaste en mi cuarto
intermitentes, los besos y el tacto
nos supimos en un jardín de muchos fuegos
con nuestras ropas floreciendo en el piso
desconocidos horas antes
cómplices con el instante

no, lo nuestro en ningún momento fue cuestión de amor

ahora,
con tu rostro apagándose en mi pecho
no puedo dejar de preguntarme

si te veré para el desayuno

jueves, 25 de abril de 2013

The killers got me killed...


I got soul, but definitely not a soldier...

Quiero hablarte, no de las mujeres, sino de la mujer. No de cualquiera, sino de ella. Sin tomar en cuenta nombres y lugares, terminamos sujetos a la simple esencia de las cosas. Ella es esa mujer sucediéndote por primera vez en la vida. Nunca te has topado con alguien igual. Las demás, sin importar el nivel de compromiso, han sido juegos y entrenamientos. Pero ella, es las malditas olimpiadas.

Es una mujer que, cuando la miras, es fácil decir que le provoca una erección al espíritu. Cada fibra de tu ser se alerta. Desde el momento en que te encuentras con ella hasta el momento de su partida, existe solo el vaivén de adrenalina más intenso que te ha sucedido en meses. Te hace rememorar la oscuridad a contra luz de un escenario, o la intensidad del momento justo antes de chocar sobre tu carro o, incluso, la persecución de aquel condenado Rottweiler que, cuando se suelta, te hace agradecer por tu par de piernas. Y por supuesto, cada vez que contemplas su cuerpo, te preguntas por qué tus congéneres necesitaban catedrales para adorar a Dios, teniendo tú, semejante obra enfrente.

Entonces, infatuado por el flujo suprarrenal, te acercas a ella. No sólo en el espacio, sino en el afecto y la palabra. Das cuenta tanto de su cojera emocional y de su nariz un poco chueca. Haces un acercamiento a la epidermis de sus sueños y notas las imperfecciones más comunes. Como si, ante tus ojos, el misterio de lo divino fuera encarnando en un cuerpo tibio y dulce. Eso solo se te antoja más excitante. Porque la belleza del universo ahora tiene forma y coincide perfectamente con la silueta y el contenido de la mujer que tienes justo enfrente.

Un momento después, se convierten en dos. Tú y ella, uno junto al otro. Ella le da otro sorbo a su cerveza y tú tratas de guardar compostura. Nunca le has dicho que te gusta, pero confías que tu torpeza y el forzar de tus piropos te hayan delatado por completo. La sabes mujer y te sabes aún más tímido.

Pero te aferras.

A su alrededor suceden canciones y los amigos. Siguen pasando el tiempo y los automovilistas. Las palabras se aventuran fuera de las bocas, el sol sigue descendiendo. Ella se convierte en la calma sobrepuesta al estrépito en tu pecho. Te sientes seguro, confiado. Vas a besarla en la primera oportunidad que tengas.

Todavía no.

Es viernes por la noche y están apretados entre la multitud, viendo un concierto. Y no sabes que ruido es más fuerte, el que se produce en el escenario, el propio de la multitud o el ruido que se quiere escapar de tu pecho. Por primera vez en la velada, sientes que pudieras perder el juicio, que pudieras tomarla entre tus brazos y dejar cualquier pretexto atrás. Sobreponer tus labios a los suyos. Y decirle lo que te has guardado desde el primer momento en que posaste tu mirada de cachorro sobre su piel morena. Pero por alguna puñeta mental decides dejarle los besos al azar.

Es tarde y atraviesan la ciudad. Llegas al bar con ella de tu brazo. Saludan a las caras conocidas y se instalan en la mesa. Ella de un lado y tú, del otro. Con una inmensidad de cuerpos, botellas y vasos, humo de cigarro, luces y notas musicales, de por medio. Se te antoja que ella se encuentra cada vez más lejos, cada vez más disuelta en aquélla inmensidad que no eres tú.

Y ves, con tus ojos de perrito, como ella se entrega por completo a la noche. Te recuerda a una luciérnaga. Sigues buscándote los huevos en la entrepierna, cuando llega el otro. Si, el otro. Ese bastardo que se mira con ella de viejos amigos y que con autoridad enteramente celestial, le pone las manos encima. Y ella acepta totalmente, carajo. Continúan con sus malabares amorosos durante unas cuantas canciones más. Te encuentras los huevos, los tienes hasta la garganta. El beso que debía ser tuyo esta noche, es de alguien más. 

No puedes aceptarlo.

Con  los pocos dejos de dignidad que te quedan, permites que tu ebriedad tome forma. Te acercas a ella con firmeza. Le susurras al oído las mejores tres palabras que podrías escoger en ese momento. Ella te mira extrañada, después de todo tú la ibas a llevar a su casa. No eres tú, sigues hablando. Disgusto y enojo se van asomando en sus ojos. Logras hacer que un par de lágrimas resbalen por su rostro.

Con el corazón ebrio y dolido, te subes a tu carro. José Alfredo y Chabela te hacen compañía con historias que bien pudieran ser canciones o bien pudieran ser la tuya. El aire de la noche no está más frío que el amargo sabor de tu derrota. Poco a poco, los acontecimientos minutos antes se abren paso en tu cabeza. Sí, le dijiste que a la verga. Sí, si le dijiste que no ibas a ser el pendejo de nadie. Pretendes que no te importa. Que sin ella estas mejor. Que para que quieres andar jugando con golfas. Golfa, te gusta como suena. Pero te quiebras, y por estimulo de la bebida juras que solo es una mala película de ciencia ficción. Que mañana, igual le marcas, no a ella, sino al doctor Emmett Brown. Tomar un DeLorean a una época donde si amanezcas en su piel. 

Han pasado desde entonces sesenta y siete días. Y sí, llevas la cuenta de todos y cada uno. No has sabido nada de ella desde entonces.


martes, 4 de septiembre de 2012

Diego y María I

Bajo la sombra de los árboles, sentada en su cafetería favorita, María repasaba la discusión con Diego aquella mañana. La cafeína no había logrado calmarla, así que decidió probar remedios más contundentes.

María se sentía frustrada, la única persona en la que ella había podido confiar toda su vida, su mejor amigo, su amante, su esposo, se le estaba volviendo un idiota más.

(Continuará...)

jueves, 30 de agosto de 2012

Así esta la cosa


Así esta la cosa…

Cada día que te haces la dificil, a mi se me hace más fácil hacerme el curioso... de tus manos flotando sobre el marfil y el ebano, de tu mirada acariciando papel y tinta, de tu cuerpo surcando esta inmensidad de oxígeno que tanto me va haciendo falta...

Y no me basta entonces. Porque el oxígeno que se ausenta, le deja espacio libre a las ansias. Me pongo un rato a escribirte aquí a mí lado, sentada con tus arranques de niña boba; preguntándome por qué carajos no nos dibujamos a besos, más seguido. Ya no me alcanza con leerte por entregas semanales y simular que compartimos calendarios, repletos de encuentros no planeados y  alientos que se acoplan entre ellos.
Me vuelvo loco. Ya no basta. Ojalá…

Ojalá que las horas se te vayan haciendo más pesadas. Que la cordura de no conocerme, se te ponga muy inquieta.  Para que a ti, se te vaya haciendo más difícil el no verme. Y a mí se me haga más fácil esperarte.

Sería más fácil, que el oxígeno que se escapa, por fin ardiera.

Sería más fácil, simplemente invitarte a salir este fin de semana. 

martes, 14 de agosto de 2012


Y entonces me aperro, te muevo la colita cuando entras a la casa y te ladro todas las noches para que no te olvides dónde estoy, buscándote. Y tú, cariño, sin duda me has dejado más flaco, y que va. Pero no te engañes. Yo nunca me subiré a tu tejado a pisarlo como si fuera gato..
Por eso terminé aquí, porque te encanto. De entre todos los hombres, no hay quién te muerda y que te guste. Quién te ladre y pares oreja.
No le echemos la culpa a nadie. Estamos tú y yo juntos, al borde de la corniza, tú rascándome la barriga y yo lamiéndote las heridas. Estamos por aventarnos de la azotea a ese charco que algunos llaman vida y darnos por fin cuenta que el amor en estos días de hambre, ya no se piensa sino que se hace...


martes, 10 de abril de 2012

Hoy he decidido contratar a una puta. Para que me lleve sexo a domicilio. Porque la renta que me cobrar por pensarte todo el tiempo, me deja sin pasta en el corazón.

viernes, 27 de enero de 2012

TEMPORALES

"De esas veces que te toman la mano en el bar y te llevan a viajar dentro de cuatro paredes y una multitud" Para S

 
Nunca he creido en brujería, en danzas remotas
o en disparos de agua encapsulada
Menos en tiempo de secas donde la piel se agrieta
conviertiéndonos en polvo y colillas apagadas

pero aquella noche, de entre todas,
Tu mano llovió en mi mano
agua y carne por fin evaporadas
regando todos los campos

y entonces
caminamos
entre cuerpos y monsones
directo a la barra por más tragos
y yo
por todas partes
bebiéndome cada una de tus gotas

desde aquella vez
miro inquieto al cielo
a veces le lanzo plegarias o el movimiento de mi cuerpo al aire
a veces enciendo la manguera sobre mi cabeza
esperando el mal tiempo
en que tus piernas
precipiten tormentosas
entre las mias